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La semana pasada daba mi testimonio e introducía cómo los pensamientos influyen en nuestra actitud y cómo actuar ante una recaída de mi enfermedad.

CÓMO NOS HABLAMOS, LOS PENSAMIENTOS QUE TENEMOS, MARCAN NUESTRA ACTITUD

¿Recuerdas aquello que te dijiste, que pensaste cuando tuviste tu primer brote de crohn, de colitis ulcerosa, fibromialgia o de cualquier otra enfermedad crónica? Seguro que fue algo similar a lo que yo me dije y pensé:

  • “A partir de ahora voy a vivir la vida cada día”
  • “Cuando me recupere voy a hacer ese viaje…”
  • “No voy a tomarme las cosas con tanta exigencia”
  • “Voy a cuidarme más y a sufrir menos”
  • “Después de lo mal que lo he pasado puedo con cualquier cosa”

¿Tuviste pensamientos similares? Seguro que sí. Leyendo esto podríamos pensar que tuve una actitud positiva. ¿Qué crees?.

Pasado un tiempo, tuve una recaída, un brote “muy leve”,  la verdad, comparado con el primero, sin embargo, lo viví con mucho más miedo, tristeza, rabia…¿cómo puede ser que algo que ya sabía lo que era, algo conocido, ahora me provocase una actitud negativa, un “no puedo más”, “como puede ser otra vez”, “como no encuentran una cura para esto”, …

Comenzaba el artículo hablándoos de la frase que me dijo Gema, la enfermera, cuando me dieron mi primer alta: “Gloria me alegro de que te marches, pero no te hagas muchas ilusiones, lo normal es que tengas un brote igual o peor en unos años” y del miedo que esa frase me generó, y cómo lo dejé aparcado.

¿RELACIÓN ENTRE PENSAMIENTO – EMOCIÓN – ACTITUD – RESULTADO?

Te estás preguntando para qué te hablo de emociones y pensamientos cuando lo que queremos es una actitud positiva, te entiendo, yo también hice esa pregunta a mi coach cuando comencé mi proceso.

Tardé en entenderlo, sobretodo en digerirlo (nunca mejor dicho, ya que decidí hacerlo después de esta segunda recaída y todo lo que sentí y no quería volver a sentir).

Con este cuadro resumen seguro que me explico mejor

Todo pensamiento genera una emoción, ambos un sentimiento (actitud) que me lleva a actuar siempre de una manera u otra. Como ya sabemos, toda acción tiene un resultado, y este puede ser positivo (entonces sigue actuando igual) o negativo. Si el resultado que tengo no es el esperado, entonces tendré que revisar:

  1. ¿La acción es la adecuada? Si es que sí, miraré en la cadena un paso más atrás.
  2. ¿La actitud o sentimiento desde el que actúo es el adecuado? Si la respuesta es positiva, es decir tengo una buena actitud, actúo desde un sentimiento sano, con una intención positiva, tendré que revisar el paso anterior…
  3. ¿Las emociones y pensamientos, valores que generan esa actitud, cuales son, son positivos?.

Si las respuestas a las preguntas 1 y 2 han sido positivas, la respuesta a la pregunta 3 es sin duda negativa.

La actitud no es una camiseta que me quito y me pongo cada mañana; no es algo aislado. La actitud es la suma de cómo actúo, de mis capacidades, de mis creencias, pensamientos, valores y por supuesto de la emoción que me lleva a esas acciones.

¿Recuerdas desde que emoción me movía yo de forma inconsciente?¿La que me llevaba a actuar con hábitos como cuidado excesivo de la alimentación, de las horas de sueño…?. Esa emoción que me acompaño de forma “acallada” e “inconsciente” desde que me dijeron que podría haber un brote y vuelta al hospital?. Sí, el miedo.

Podríamos decir que la emoción “comodín” es el miedo. Miedo a perder el trabajo, miedo a una recaída, miedo a perder la pareja, miedo a que el tratamiento no funcione, miedo a que tenga efectos secundarios…¿Qué hay detrás del miedo?

Detrás de toda emoción hay una necesidad no cubierta.

Te cuento cuales y como nos afectan cuando tenemos una enfermedad crónica la próxima semana.

Un abrazo