Verano y enfermedad crónica no siempre se llevan bien, aún menos si te cuesta poner límites sin sentirte culpable.
Te hablo desde mi experiencia personal y profesional: **aprender a poner límites en verano con una enfermedad crónica no es egoísmo, es salud.**
Durante años, cuando llegaba el verano, entraba en conflicto.
No era solo el calor, la fatiga o los síntomas físicos… era la sensación de que tenía que estar más disponible. Más alegre. Más presente. Más dispuesta a hacer planes. A sonreír. A salir. A no decepcionar.
Y cada vez que decía que no, me sentía culpable.
Como si mis límites fueran un obstáculo para los demás.
Como si cuidarme fuese un fallo personal.
Lo he vivido. Lo sigo gestionando. Y por eso quiero contarte algo desde la verdad más profunda:
👉 Decir “no” también es salud.
No solo autocuidado. No solo descanso. Salud.
Cuando tienes una enfermedad crónica, el verano no te libera: a veces te exige más
Tus síntomas no se van de vacaciones. Tu cuerpo no cambia por el calendario. Y sin embargo, muchas veces el entorno espera que sí puedas un día más. O una comida más. O un viaje más. O una sonrisa más.
Pero ¿a qué precio?
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Acabas en la cama dos días después.
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Con ansiedad por no haber sabido poner límite a tiempo.
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Con una sensación de traición interna: de nuevo te colocaste en último lugar.
Eso no es vida.
Y eso no es salud.
Decir que no sin sentirte egoísta (aunque el entorno no lo entienda)
Yo también he tenido miedo a decepcionar.
A que piensen que exagero, que soy una aguafiestas, que me aíslo.
Pero aprendí a base de cuerpo y lágrimas que mi energía no es infinita.
Y que explicarme mil veces no cambia nada si yo no cambio cómo me relaciono conmigo.
Hoy me permito:
✅ Decir “hoy no voy” sin justificarlo.
✅ Elegir el silencio antes que el sobreesfuerzo social.
✅ Poner en el centro mi salud mental y física.
✅ Estar en los planes a mi manera, sin exigencias externas.
✅ Acompañarme con ternura cuando algo me duele (física o emocionalmente).
Si tú también sientes que te cuesta poner límites…
Aquí algunas preguntas que me ayudan, y que trabajo también con mis pacientes:
💭 ¿Estoy diciendo “sí” por miedo o por deseo?
💭 ¿Qué me costaría más: decir “no” o sostener las consecuencias de no decirlo?
💭 ¿Qué parte de mí necesita validación externa… y qué parte necesita descanso?
Poner límites no es alejarte de los demás: es acercarte a ti
Lo descubrí cuando, tras una recaída, entendí que nadie iba a poner el límite por mí.
Y que mientras yo seguía intentando no molestar, mi cuerpo me hablaba a gritos.
Ese fue mi punto de inflexión.
Desde entonces, aprendí a mirar el verano desde otro lugar:
No como un escenario al que tengo que adaptarme.
Sino como un tiempo más en el que puedo elegir cómo estar.
Y eso lo cambiaba todo.
Si estás en este punto, no estás sola
Este post no es solo para contarte lo que aprendí, sino para que te lleves algo contigo.
En mis sesiones y en los cuadernos de autocoaching que he creado, trabajo exactamente esto:
cómo recuperar tu eje, cómo sostener tus emociones, cómo volver a tu cuerpo… sin culpa, sin autoexigencia, sin tener que justificar tu forma de vivir.
👉 Si quieres empezar por tu cuenta, te recomiendo el cuaderno “Descubriendo mi eje de vida” y el de “Mi salud: aprender a vivir con mis valores”.
👉 Y si prefieres hacerlo conmigo, puedes reservar una primera sesión individual o escribirme para saber si hay algún taller grupal activo.
💬 ¿Te ha resonado este texto? Puedes escribirme o seguirme en Instagram para más contenido que no romantiza la enfermedad ni el autocuidado.
💜 Compártelo con quien sabes que necesita escucharlo. Poner límites también es salud. Y no estamos solas.