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Cuando tenemos una enfermedad crónica hay un cambio en todos los ámbitos de nuestra vida: nuestras necesidades físicas, emocionales, sociales… Hemos de adquirir nuevos hábitos de alimentación, ejercicio, descanso, medicación, etc. Todo lo que habitualmente llamamos rutinas, costumbres, nuestra manera de hacer las cosas tan instalada ya en nosotros que lo hacemos de forma inconsciente, son hábitos.

¿Cuáles son los hábitos de un enfermo?

Desde que nos detectan la enfermedad nuestras emociones afloran de manera abrupta, sin tener tiempo para saber qué emoción es, cómo me está haciendo sentir y por tanto como estoy haciendo las cosas… entramos en piloto automático, centrándonos siempre en tratar de estar físicamente lo mejor posible.

Os cuento que me sucedió a mí:

Mi miedo a recaer me llevó a hacer aquello que me aconsejaba el equipo médico

  • Alimentación adecuada
  • Ejercicio
  • Meditación
  • Buscar grupos de apoyo
  • Dedicar tiempo a mi descanso

Adquirí todo eso como algo prioritario sin apreciar que con ello estaba limitando y restringiendo otros hábitos que tenía antes de que me detectaran la enfermedad y que echaba de menos.

  • Quedar con amig@s
  • Salir de vacaciones más allá de cincuenta kilómetros de mi casa
  • Disfrutar de la compañía de la familia
  • Leer novelas, historias, …distinto a algo relacionado con la enfermedad
  • Tomar de vez en cuando una palmera de chocolate

Todo eso que limité en mi vida sin saber adaptarlo, sin ser consciente de ello, me fue sumiendo en emociones y sentimientos a los que me fui habituando:

  • Tristeza “ya no puedo quedar con los amig@s”
  • Rabia “nadie entiende que no puedo hacer lo que antes, si ellos lo tuvieran…”
  • Envidia “me gustaría ser…me gustaría poder…”
  • Culpable “estoy haciendo pasar por todo esto a mi familia y no se lo merecen”
  • Víctima “porque tiene que pasarme todo esto…”

Y todo ello me llevó a instalarme en hacer o no hacer, a esos hábitos de estar enfermo.

Lo que comenzó como hábitos saludables, desde el punto de vista racional, acabaron siendo hábitos no saludables para mi bienestar emocional y el de quienes me rodeaban.

¿Cómo conseguí recuperar el equilibrio? Cuando me hice consciente de todo ello: de mis emociones, de cómo desde ellas adquiría unos hábitos que me daban un resultado emocional negativo y me hacían entrar en ese bucle de pensamientos-sentimientos-hábitos que reforzaban todo y vuelta a empezar.

Aceptar que tenemos hábitos como enfermos que nos pueden enfermar más es el primer paso del camino que inicié hace ya unos años y gracias al cual he recuperado ese equilibrio necesario para vivir la vida con la enfermedad como compañera de viaje.

¿Tu ya has identificado y aceptado los tuyos?