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Una frase muy dura ¿no creéis? La pronuncie quien la pronuncie, refleja una autoestima muy baja, o lo que es lo mismo, un bajo “amor propio”, porque el amor propio no es echarle narices a la vida, el amor propio es quererse uno mismo tal como es.
Pero ¿qué opinaríais si os dijera que la persona que pronunció esa frase hace unos días tiene nueve años? Sí, solo nueve años… una frase que le salía de lo más profundo de su ser, del miedo a no ser quien cree que esperamos los demás que sea.
Llegó a casa un día o dos antes de que les entregaran las notas, había tenido el examen de música y el comentario que el profesor le había hecho “anda déjalo, siéntate, no sabes ni poner los dedos en la flauta” le generó tal estado de ansiedad que llegó a casa y rompió a llorar explicando: “el profe me ha dicho esto en el examen y voy a sacar mala nota y ni siquiera me ha dejado tocar la flauta, no lo entiendo, porque me porto bien, llevo siempre todo ordenado y los deberes hechos, estoy atento y es que ni si quiera me ha dejado tocar la flauta; voy a suspender y es que no quiero ser la decepción de la familia”.
Se me encogió el corazón, sentí impotencia por no entender lo mismo que no entendía él, el comportamiento del profesor, una figura referente para él en el ámbito escolar y que le dijera esa frase, sin más explicaciones…dejándolo desolado; y sí, también se me encogió el corazón al escuchar “no quiero ser una decepción para la familia”…¿qué estamos haciendo y transmitiéndole para que su nivel de perfección, auto exigencia…le lleven a esa autoestima baja, a valorarse tan poco cuando vale tantísimo…?
Pues repitiendo el modelo que nosotros también aprendimos, como padres, tíos, abuelos… está actuando según los valores que ve en casa, en función de los actos y lenguaje que empleamos a veces de forma inconsciente porque está en nuestro programa educacional:
“Estudia cariño que seas el mejor de la clase”
“Borra y hazlo de nuevo que lo puedes hacer mejor”
“¿Te han dado la nota del examen?”
“ y tu mejor amigo, ¿qué nota ha sacado?”
“tienes que correr más en el entrenamiento, echarle ganas, buscar el balón”
“mira tu hermano como come de todo y tu no”
Comparaciones, frases de competitividad y perfeccionismo, no conformarnos con algo que ya está bien y querer que sea aún mejor… Pero, ¿mejor que quién, y para qué? ¿Pensamos en él o en nosotros al hacerlo?
¿Dónde está el límite de creer que se está conformando y bajará el rendimiento o seguir presionándolo para que lo haga tal cual lo haríamos nosotros? Cuando él tiene nueve años, y sí, tiene una capacidad tremenda para aprender, pero igual…le vamos a provocar el efecto contrario, que vea mermada su capacidad, que se minusvalore, y baje su autoestima…
¿Cómo saberlo? Expertos en psicología infantil hablan de unas señales que debemos atender para detectar una bajada de autoestima en los niños:
Con respecto a sí mismos:
• Muy críticos consigo mismos.
• Perfeccionismo.
• Autoexigencia excesiva.
• Demasiado miedo a fallar.
• Inseguridad en toma de decisiones.
• Muy sensibles a la crítica.
• Sentimientos de culpa acentuados.
• Actitud perdedor
Con respecto a los demás:
• Constante necesidad de llamar la atención.
• Actitud retraída y poco sociable.
• Necesidad continúa de agradar a los demás.
• Necesidad imperiosa de aprobación.
• Exigentes y críticos con los demás.
Con respecto a la interpretación de la realidad:
• Focalizar lo negativo.
• Descalificación de experiencias positivas.
• Personalización.
• Pensamiento de todo o nada.
• Generalización.
• Adivinación.
• Uso frecuente de los «debería o tener que.».
• Razonamiento emocional.
¿Reconoces a tu hijo en algunos de esos puntos?¿o más aún, te reconoces a ti como padre, madre, tío, tía, abuelos…de ese niño en alguno de esos puntos?
Todo niño busca un referente en su vida ya sea para el ámbito escolar, deportivo, lúdico…siempre uno de los referentes vamos a ser un miembro de la familia, y en nuestro caso, al menos yo, me reconozco en muchos de esos puntos, por lo que si él me escucha y ve actuar, es fácil que su auto exigencia, sea espejo de mi auto exigencia.
¿Qué puedo hacer para ayudarle?

– Ante una situación de “fracaso” sentido por el niño es importante que le preguntemos qué piensa que puede suceder y objetar con delicadeza sus ideas mediante interpretaciones más racionales. “No pasa nada, no se puede ser perfecto en todo y siempre TODOS hemos sacado una nota no tan buena”. Es un ejemplo de frase de cierre a lo que el niño nos conteste cuando le preguntemos.

– Ayudarle a entender que en la vida lo importante es lo que aprendemos de cada situación, de cada asignatura, de cada profesor, de cada persona…no la nota que saquen. Pueden sacar un diez y no haber aprendido nada en absoluto porque solo se focalizan en el resultado, no en el aprendizaje. Hagámosle ver que lo que se disfruta es el aprender y para qué quiere él aprender a sumar, restar, multiplicar, leer, tocar un instrumento, jugar al fútbol…seguramente está consiguiendo lo que quiere con independencia de que le punteen con un 5 o un 10. Lo importante es la nota que él se de, su satisfacción. Y muy importante «la nota” que le demos las personas que le rodeamos y a las que admira.
– Sé su ejemplo, empatiza con él, ahora mismo, no hace falta a que nos vayamos a cuando éramos niños. Si estamos trabajando, estudiando…tendremos referentes (nuestros jefes, compañeros, profesores…) que en ocasiones podrán valorarnos de una forma que creamos no justa para nosotros. No dejemos que dependa de otros nuestra valía, nuestro amor propio, nuestra autoestima, solo nuestro RECONOCOMIENTO es el que nos mantendrá felices; exactamente igual pasa con los niños. RECONOZCAMOSLES, para que se reconozcan.

“Cariño, no se puede ser el mejor en todo, relativiza esa nota, todo lo demás han sido sobresalientes, date valor por todo ello; y entiendo que no te guste lo que el profesor te ha dicho, habla con él, díselo educadamente, como te has sentido, que no entiendes que no te dejara tocar la flauta. Siempre que no entiendas algo, o que consideres que no te han tratado bien, habla con la persona y seguro que aprenderás mucho”…
Com-partiendo vivencias, experiencias con nuestros hijos aprendemos todos.

 

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