Desde que nos diagnostican una enfermedad crónica, sea la que sea, nuestra principal preocupación (la del paciente, nuestra familia, pareja…) es que nos cuidemos para estar lo mejor posible: cuidar la alimentación, cuidar los hábitos de sueño, realizar ejercicio acorde a nuestras posibilidades, meditación… y por supuesto, todo eso es de suma importancia para ayudar a nuestra salud a contrarrestar los síntomas o avance de la enfermedad.

Ahora bien, cuántas veces esa ocupación de hábitos saludables no se transforma de manera inconsciente en una PRE-ocupación, en pensamientos y diálogos internos con nosotros mismos sobre “hago-no hago”, “voy-no voy”, “como – no como”…temiendo de antemano que algo pueda hacernos daño.

Cuántos de nosotros se han quedado anclados en ese miedo inconsciente y vivimos todo desde el “ojo, cuidado” y nos prohibimos disfrutar de pequeños instantes  por miedo a …

Te propongo que mires la imagen, ¿qué ves en ella?, ¿qué te evoca?, ¿qué pensamientos tendrías si estuvieras ahí!?; visualízate ahí, en ella, como parte de ella y piensa y siente esos pensamientos…

 

Igual son pensamientos del tipo:

“¡Ojala pudiera estar ahora ahí…pero con ese frío igual me constipo y no me viene bien”

“Me encantaría pasar por el puente pero me siento débil y puede que no me respondan las piernas”

“Muy bonito, pero igual está helada la nieve y me resbalo y me hago más daño “

Puede que no sean estos pensamientos tal cual, o que no te los provoque esta imagen, pero piensa cuantas situaciones en tu vida te generan esa PRE-ocupación por no hacer cosas que CREES, o te dices, que pueden empeorar tu enfermedad.

Es normal, lo físico a quienes tenemos una enfermedad crónica,  nos preocupa y ocupa un alto porcentaje de nuestros pensamientos y si tienen que ver con el ocio o el disfrute los dejamos casi siempre a un lado, porque nuestra mente, desde que nos diagnosticaron, se quedó en estado de alerta, sí, funciona así, ya os lo he explicado en otras ocasiones.

Ahora, ¿qué podemos hacer para ir rompiendo ese “anclaje” de alerta, de miedo, preocupación?

Fácil, mira todo como lo que es, desde la realidad más objetiva: un mundo lleno de posibilidades qué están… ¿donde? Pues para mí desde hace años, en todas partes, al inicio del puente, durante su paso y por supuesto al otro lado.

En ese preparar con ilusión lo que necesito para sentirme segura y cruzarlo; en disfrutar cada paso, sintiendo la nieve mullida bajo mis botas, ese frió que me hace sentir viva, el sonido del crujir del puente a cada paso, ver como los árboles abren sus ramas y siento la luz sobre mí…sentir con todos y cada uno de mis sentidos que estoy viva y disfrutarlo, valorarlo; la alegría de llegar al otro lado, ver todo lo que me hubiera perdido si no lo hubiera cruzado, esa inmensa llanura que es la vida, que se abre de nuevo ante mí, ante mis cinco sentidos para poder disfrutar de nuevo de todo un mundo de posibilidades, con mi enfermedad como compañera de viaje, sí.

Escucha la parte positiva de los pensamientos que la enfermedad te provoca.

Volver a sentir como ese niño que fuimos que incluso sin botas de agua saltaba sobre los charcos, que sin trineo se tiraba por la nieve, … haciendo uso de esa famosa frase que se dice en mi casa “es que no ve el peligro eh…”. Pues con esa alegría, inquietud, disfrute…podemos y debemos vivir cada momento que podamos, con la enfermedad como compañera de viaje, sí, por supuesto, ella va a ser quien nos diga “vale fenomenal, lo hacemos, pero ponte botas; abrígate; no vayas sola; cruza con alguien…pero hazlo, VIVAMOS CADA MOMENTO JUNTAS sintiendo de nuevo esas emociones que nos hacen DISFRUTAR de las pequeñas cosas, permítemelo, permítetelo, porque vamos a estar bien”. Esa voz de tu padre, tu madre, tu abuela que te aconsejaba que disfrutaras pero con tus botas, tus amigos, tu bufanda…todo lo necesario para tu bienestar, esa voz, en positivo, es la de nuestra enfermedad.

No lo olvides, transforma esos pensamientos que ahora sientes negativos y hazlos positivos, siéntelos desde las posibilidades, no desde las limitaciones.