Durante años cuando hablaba de mí con personas de cierta confianza solía usar la expresión “…y soy enfermo de crohn, fibromialgia y sacrolietis”. Pasado un tiempo cambié el “soy” por “tengo”;  “tengo varias enfermedades crónicas”.

Solía escuchar mucho frases como “vamos que eres una guerrera y puedes con todo”, “venga que eres fuerte y valiente”…palabras y frases que de entrada parecía que me gustaban, que me hacían sentir mejor… Pero no era así.

“Guerrera”, “valiente”, “luchadora”…me provocaban un sentimiento de obligación de sobreponerme a todo y para todos, sin darme tiempo a sentir realmente lo que sin duda todos sentimos cuando tenemos enfermedades: dolor, tristeza, enfado, rabia… Nada de eso tenía cabida porque los guerreros no lloran, solo pelean.

¿Pero contra qué o contra quien? Contra algo que ya formaba parte de mí, “una compañera de viaje” no elegida por mí, la enfermedad, luchaba contra mí.

Luchar es estar en guerra diaria conmigo y eso me suponía tener un desgaste, un cansancio, una tensión y preocupación constantes que me llevaban a un empeoramiento físico. Sin tener en cuenta como afectaba a mis relaciones con los demás.

Entonces comencé a realizar mi proceso como coach, a formarme en inteligencia emocional y PNL y un día me descubrí diciendo la palabra “paciente”, si, ya no “tengo varias enfermedades crónicas”, ahora me gusta decir cuando procede “soy paciente de …”.

Todo ello sin duda después de un largo proceso de recuperación emocional que jamás me había planteado, solo me preocupaba recuperar mi salud física, y en el camino había descuidado e incluso machacado mis emociones y sentimientos.

Cuando ACEPTÉ la enfermedad, de verdad, no de boquilla, dejé de estar en guerra, luchando. Creía porque así me lo habían enseñado, que aceptar es igual a resignarse, a darse por vencido; pero nada que ver.

Aceptar la enfermedad es aceptar que mi vida no es tal cual yo esperaba, ¿y quién tiene la vida que esperaba?.  Hay cosas que cambiar, sí, y solo cuando aceptas algo tienes la capacidad de ver esos cambios como algo positivo que te ayudarán a tener una mejor recuperación física y emocional. A vivir en paz, con serenidad, con ese equilibrio que añoraba tanto.

Fue un camino duro, no lo voy a negar, porque había sido tan fuerte y guerrera que creía que tenía aceptado y superado todo. Pero sin duda es el mejor camino que he recorrido en mi vida, porque ahora:

  • Vivo con serenidad y paz, “soy paciente” y eso me da un bienestar que añoraba.
  • Mi carácter y forma de relacionarme conmigo y con los demás vuelve a ser la que era. He recuperado mi vida social.
  • He aprendido a canalizar esas emociones lógicas que todo lo físico nos provoca.
  • He incorporado a mi vida nuevos hábitos físicos y emocionales que han mejorado mi SALUD
  • He adaptado mi vida marcándome metas que me dan motivación y un para qué diario, sin sufrimientos, sin limitaciones…

 

Percibe la diferencia entre “vivir siendo paciente” y “vivir siendo un enfermo”, pronuncia cada frase en alto, y elige. La diferencia de cómo vivir contigo y tu compañera de viaje la decides tú.

Si quieres aprender a gestionarlo desde ya no te pierdas esto:

Taller aceptando la enfermedad como compañera de viaje

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