Este post es el tercero y último de la reflexión y ejercicios que he compartido con vosotros sobre cómo la actitud influye en nuestra recuperación y aceptación de la enfermedad crónica.

“La actitud no es una camiseta que me quito y me pongo cada mañana”; así acababa mi post anterior.

La actitud es la suma de cómo actúo, de mis capacidades, de mis creencias, pensamientos, valores y por supuesto de la emoción que me lleva a esas acciones.
Podríamos decir siguiendo el símil que la actitud es un traje compuesto de varias prendas, siendo la más íntima e inconsciente la emoción y el pensamiento que priman en nosotros.
La emoción “comodín” es el miedo. Miedo a perder el trabajo, miedo a una recaída, miedo a perder la pareja, miedo a que el tratamiento no funcione, miedo a que tenga efectos secundarios…¿Qué hay detrás del miedo? Esto nos lo explica muy bien Maslow, psicólogo estadounidense a través de “la pirámide de las necesidades”.

Pirámide de las necesidades de Maslow

Teoría en la que nos explica cómo nacemos con una serie de necesidades, que a medida que vamos cubriendo, dan lugar a un crecimiento personal y emocional, que despiertan nuevas necesidades a cubrir. Poco a poco, desde la base hasta la cúspide de la pirámide.

A su vez, toda emoción, nos habla de una necesidad no cubierta. ¿Cuál crees tú que es esa necesidad no cubierta? ¿Obvio no?.

Como cualquier pirámide, hasta la de un lego, si la base no está sólida…se derrumba. Esto es lo que sentimos cuando nos diagnostican una enfermedad crónica, que nuestra vida, nuestro presente y nuestro futuro se desdibujan…perdemos nuestra SEGURIDAD. De eso me habla el miedo, la tristeza, la rabia…de necesidades que tengo sin cubrir.

Las palabras “enfermo crónico”, “enfermedad crónica”, “brotes recurrentes”… ¿están muy presente en ti?¿las oyes y dices muy a menudo? ¿cómo te hacen sentir?¿qué emoción despiertan en ti?¿y en la gente de tu entorno? Desde esa emoción o sentimiento que te generan, ¿cómo actúas? ¿qué resultado tiene esa acción para ti?

Desde la PNL (Programación Neurolingüistica) y la inteligencia emocional se ha demostrado que nuestros pensamientos generan en nosotros de forma inmediata una emoción y todo desencadena un patrón de conducta (actitud) que puede ser mejor o peor para nosotros.

Te invito a que hagas el siguiente ejercicio de reflexión:

Dos personas, A) y B) ante una recaída de su enfermedad.

a) ¿Por qué me tiene que pasar a mí?; ¿por qué otra recaída?; ¿cuándo habrá un tratamiento que cure esto?

b) Ya sabía que podía pasar; lo bueno es que ya sé lo que es y las etapas; esta vez no voy a callarme todo el miedo que sienta; la otra vez me fui con muchas dudas a casa así que iré anotando las que tenga para cuando pueda formularlas…

Léelo, en voz alta, siente en ti las emociones que los pensamientos de cada uno de ellos te generan. ¿Percibes la diferencia?, ¿Quién dirías que tiene unos pensamientos más positivos? , ¿Quién de ellos tiene más seguridad ante la misma situación?, ¿Cómo definirías entonces la actitud de cada uno?,  ¿qué y cómo va a hacer cada uno para gestionar la recaída?.

Ahí está la resilencia: la capacidad para aprender de situaciones adversas y aplicar todo lo aprendido a situaciones futuras para gestionarlas cada vez mejor. Quiero compartir contigo algo que me llamó mucho la atención sobre mí en ese aprendizaje de quien soy, cómo actuó, con quién actúo así…

Yo pensaba que mi impaciencia (“cuando volveré a recaer”, “como será este nuevo medicamento”, “voy a hacer todo lo que pueda hoy por si mañana estoy peor…”), era solo en mi ámbito personal y causada por la enfermedad y el miedo que os explicaba. Pues no, resulta que durante mi proceso de coaching descubrí que era así, impaciente en todas las áreas de mi vida (trabajo, familia, amigos…). Fue sin duda algo que decidí cambiar porque entraba en el bucle de pensamiento negativo – emoción mal gestionada (ansiedad) – actitud impaciente – resultado=recaída.

CONCLUSIÓN

Nadie tiene la capacidad de vivir la vida saliendo ileso (una enfermedad, una pérdida de un ser querido, de un trabajo, del hogar…), pero TODOS tenemos la capacidad de gestionar nuestras emociones y pensamientos para conseguir la actitud con la que deseamos vivirla.

Yo elegí pedir ayuda para aprender a gestionar esas emociones y pensamientos; elegí tener una actitud empoderada, resiliente, aprender de mí en cada recaída y cuando no puedo, pedir ayuda.
Yo elegí aprender cada día a vivir siendo “paciente siempre” “enfermo crónico