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Hace unas semanas me pidieron ayuda para aprender a contar a nuestro entorno en qué consiste la enfermedad crónica que tenemos y cómo nos hace sentir.

Sin duda prestamos mucha atención y nos identificamos con los personajes de los cuentos, con las metáforas…y así es como en una ponencia expliqué a todos los asistentes lo que es para mí y como vivo la enfermedad de crohn, una de las enfermedades crónicas que padezco.

Hoy de forma resumida y “solo” con palabras, os dejo “mi cuento”.

La chica que no sabía escuchar y creía poder con todo

Hace muchos años, existía una joven voluntariosa, que trataba de ayudar a todos los que le rodeaban, incluso sin que le solicitaran esa ayuda. Se preocupaba y ocupaba de todos y de todo, intentaba estar siempre en todo, dejando en ocasiones incluso sus asuntos para ayudar a los demás. No tenía casi tiempo para mí, para cuidar de mí, de mis asuntos, de mi vida…

Sin embargo un día…conocí a quien cambió todo eso. Se lo puse difícil eh…fueron casi dos años de tirarme los tejos, de estar ahí “pico y pala”, hasta que… de repente un día, lo sentí, una sensación extraña para mí, era como un aleteo de mariposas revueltas queriendo salir. Sin embargo yo no tenía tiempo, estaba atendiendo a otr@s personas, asuntos…

Poco a poco esas mariposas fueron tomando fuerza y vigor, llegando a convertirse ante mi indiferencia en un gran Dragón. Sí….su fuego, ese fuego rojo, ardiente, CREPITANTE, que sentía que me quemaba las entrañas, que poco a poco me iba consumiendo, para hacerme notar su presencia, su poder, “ehhh Gloria, estás salvando a todos, tragando con todo…¿quieres y puedes con ello?”.

“Chulerías a mí”,  le dije, “claro que puedo”. Pasé casi un año de lucha constante contra él, sola, sin contarlo a nadie, esto era entre él y yo. Sin embargo cada vez yo estaba más débil y el más fuerte, su fuego más intenso, más rojo, me quemaba con tanta intensidad que me di por vencida… tenía que buscar ayuda, no podía yo sola.

Mi reino de caballeros, Quijotes y hada madrina

Quise contarlo pero nadie creía en ello, no veían a ese Dragón. Al cabo de dos años apareció un gentil caballero, con su bata blanca, su plateado y reluciente fonendoscopio, rodeado de su séquito… se postró a los pies de mi cama y me dijo “tranquila Gloria, hemos visto al Dragón del que nos hablabas, el que sentías que te acosaba y que iba a arruinar tu vida, existe, se llama Crohn.”

¡Por fin…no estaba loca, existía el Dragón, tenía nombre!, fue un momento de euforia!.

Pero lo que no existía ni en ese reino ni en ningún otro era un arma que pudiera acabar con la vida de ese Dragón.

Pasé de la euforia a la tristeza, a la rabia, al enfado…¿cómo podía ser que nadie pudiera matarlo?  De nuevo me enfrenté a él, ya no era una locura, no era Don Quijote contra los molinos de viento, porque existía, lo sabían ya todos. Quería destruirlo, sacarlo de mi vida, apagar ese fuego que me abrasaba. De nuevo…cuanto más luchaba contra él, más débil yo y más fuerte él…

Entonces llegó mi hada madrina, Inés, y me susurró con su suave voz:

-¿Para qué quieres matar al Dragón?¿Has escuchado su mensaje?¿sobretodo que le sucede a tu cuerpo cuando no lo escuchas? Has luchado contra él desde la rabia, y tu cuerpo está peor…¿qué te pide el cuerpo Gloria?…

-PAZ, Inés, me pide paz, descanso, cuidarme…

– Vale, me dijo Ines, ahora, ¿sientes ese mismo fuego?…

Ahí estaba la clave, había venido a salvarme, solo tenía que dejarle hacer, relajarme, cuidarme, …y así fue… el fuego fue pasando de rojo a naranja…difuminándose,  haciéndose cenizas …y de esas cenizas con mi actitud positiva, no guerrera, sino pacifica, desde la aceptación y mi cuidado, se fueron convirtiendo en mariposas…en suaves caricias que me recuerdan siempre dulcemente que me cuide, que escuche mi cuerpo…

Todo pasa para algo, el dragón vino a salvarme, pero no podía si yo no lo dejaba. A veces dejar de hacer, soltar, relajarse, dejar que otros hagan y cuidar de nosotros, es lo que nuestro cuerpo nos pide.

La moraleja de contar tu enfermedad crónica

Funcionó, toda la gente que estaba en la ponencia, ninguno de ellos era enfermo crónico, empatizó y tomó conciencia de lo que es la enfermedad, sobretodo de el sentimiento de dolor que nos genera (físico y emocional).

Al finalizar estaban interesados en conocer más de muchos aspectos y se generó esa comprensión que buscamos.

Ahora te toca a ti, escribe el cuento o metáfora para expresar y comunicar lo que tu enfermedad crónica te hace vivir y sentir.