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Menuda pregunta, ¿verdad? La respuesta debería de ser que sí, porque claro, si no te cuidas… ¿qué dice eso de ti?

No hago esta pregunta al azar, ya lo estaréis suponiendo. Quiero que seamos conscientes de lo poco que nos mimamos, de las pocas veces al día que nos decimos lo mucho que nos queremos y lo orgullosos que estamos de nosotros mismos.

Normalmente siempre estamos esperando que los demás nos digan esas cosas, que nos reconozcan con palabras como: qué bien, enhorabuena, qué buena decisión, qué rico te ha quedado, has acertado…. Frases de reconocimiento y aceptación que nos hacen sentir bien, orgullosos, tranquilos.

Pero claro, ¿qué ocurre cuándo nos encontramos con frases que nos dicen totalmente lo contrario? “No has hecho suficiente”, “eso está mal”, “cuidado la próxima vez”, “no has acertado”.

Entonces nuestro ánimo decae, nos sentimos hundidos, nos creemos eso que nos dicen, ponemos en sus manos el poder de sentirnos bien, mal o regular. De estar contestos o tristes. Dejamos que sean los demás los que decidan por nosotros nuestro estado de ánimo, el que seamos triunfadores o un fracaso.

¿Y por qué hacemos eso? Porque si miramos en nuestra historia, en nuestra vida, siempre hemos carecido de eso que pedimos a gritos que nos den los demás.

Quizá mamá no nos daba el amor que queríamos, no nos sentíamos importantes para ella. Papá a lo mejor quería una niña y naciste tú, un niño. Papá y mamá no se querían y claro, ahí estás tú, fruto de este desamor.

Hay tantas historias que pueden ir acompañando esta falta de creer en ti mismo. Averigua tu historia, no tengas miedo en conocerte, en saber lo que hay detrás de toda esa necesidad de los demás.

Yo, un día me di cuenta de que voy por la vida esperando que los demás me digan lo bien que hago las cosas. Que cuando me lo dicen me encuentro feliz, es mi momento y entonces parece que no existe nada más, todo está bien, perfecto. Claro, cuando encuentro un “no está bien hecho”, entonces estoy triste, con miedo al rechazo, vivo sin vivir. Y por mucho reconocimiento externo que encuentro nunca es suficiente, el miedo a volver a caer siempre está ahí….¿y si el otro de repente ya no me reconoce?.

Examino mi vida, me doy cuenta de que llevo sacando dieces toda la vida para que me den ese reconocimiento. Soy una niña pequeña y quiero que papá y mamá me vean, me digan lo bien que lo hago. Pero esa niña pequeña se queda ahí, sin escuchar esas palabras, sola, pensando que no lo debe de saber hacer bien.
Y ahora veo a esa niña pequeña y me dan ganas de decirle que sonría, que lo está haciendo genial, que crea en ella. Me dan ganas de ir y abrazarla y demostrarle cuánto amor le tengo, cuánto creo yo en ella y darle besos y asegurarle que no tiene nada de lo preocuparse sí siempre se acuerda de que ella es lo más importante. Que se cuide, que se mime, que se quiera.

Y entonces puedo ver como esa niña pequeña levanta la vista y se le iluminan los ojos. La veo por fin libre de necesidad, disfrutando de lo que hace y lo que vive. Sin olvidar ni por un segundo que cree en ella y que en ella está todo.

Y tú, ¿qué quieres decirle a esa niña/o pequeña/o que ves y que eres tú? ¿Y a qué estás esperando para decírselo? Recuerda que sólo tú sabes cuidar muy bien de ti…