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¿Cuántas veces al día te planteas de forma consciente o inconsciente realizar o no una acción? Te aseguro que muchas más de las que crees:

– “¿azúcar o sacarina?”
– “¿bollo industrial o sándwich de pavo?”
– “¿traje oscuro o claro?”
– “¿escaleras o ascensor?”
– “¿carretera de circunvalación o peaje?”

Y muchas otras preguntas que nos hacemos nada más levantarnos y prepararnos para ir al trabajo por ejemplo, y que resolvemos de forma más o menos rápida, como hábito ya adquirido (lo que no significa que sea lo que queramos, a veces la elección es porque sentimos el deber de hacerlo así).

Estas preguntas pueden no tener mayor trascendencia en nuestro día, o en nuestra vida. O sí…si por ejemplo la pregunta “¿azúcar o sacarina?” en lugar de ser algo que respondas de manera automática y ejecutes como un hábito, se convierte en algo obsesivo, que te preocupe, haga sentir mal por ingerir un alimento que consideras perjudicial para ti, puede acabar siendo una enfermedad física y mental.

Otros pensamientos que generan en nosotros sentimientos contradictorios, entrando en la duda de “¿lo hago o no lo hago?”, afectan a áreas como el trabajo, la familia, las amistades, nuestra salud…

– ¿alquilo o compro una casa?
– ¿sigo en el trabajo aunque me este afectando a la salud y a mi familia?
– ¿continuo con mi pareja por el bien de mis hijos a pesar de no ser feliz?
– ¿dejo todo y empiezo de nuevo?
– ¿le digo a mis padres que no quiero seguir sus pautas?
– ¿estaré preparado para afrontar la maternidad o paternidad?

Algunas de estas preguntas son un martilleo constante en nuestra mente. Una duda constante que nos atenaza y nos hace sentir en una cuerda floja, buscando el equilibrio entre la razón y la emoción… Recordad que siempre, desde inteligencia emocional, decimos que la razón nos guía y la emoción nos mueve. Por lo tanto, son dudas, pensamientos, sentimientos más que normales y habituales en nosotros.

Hasta aquí muy bien me diréis, y ¿qué hacemos, quién tiene la respuesta correcta que no me lleve a equivocarme?.

Voy a darte las pautas o herramientas para ello.

¿Quién SI debe responder a estas preguntas?
Pues siempre afortunadamente depende de uno mismo, de ti, de la necesidad que tengas que satisfacer ante cada una de esas situaciones (seguridad, libertad, reconocimiento, realización…). Esta es la clave, decides TÚ, tú vives tu vida, tu acertarás, tu errarás, tu aprenderás…con TU RAZÓN Y TU EMOCIÓN.
¿Quién NO debe responder a estas preguntas?

Tu “yo limitado”, es decir, el yo que todos tenemos influenciado por nuestra educación familiar, escolar, social, cultural… Responde a la pregunta de forma honesta, comprometida y disociada de creencias, juicios, opiniones…que nos limiten. En mi caso, por ejemplo, honestamente me respondí a una de esas preguntas con la firme convicción de “la opinión de mi familia, amigos…es importante, pero la decisión es mía, es mi vida, ellos tienen la suya y la viven a su manera”. Me disocié de los juicios, prejuicios, valores, conductas, expectativas de los demás, o incluso las que yo creía que los demás tendrían…Respondí YO (como si estuviera sola en el mundo y no afectara a nadie más que a mí), con respeto a mí y a los demás, por supuesto.

¿Para qué me asaltan esas dudas?

No hay que angustiarse por tenerlas. Es bueno dudar. La duda nos advierte de “oportunidades” y “amenazas”, lo bueno y lo malo que nos puede reportar actuar de determinada manera. Cuando un pensamiento se hace recurrente en nosotros y nos causa esos quebraderos de cabeza es necesario actuar. Tomar una decisión y avanzar. ¿Cómo? Solo tienes que sopesar: “¿Qué es lo peor que puede pasar si hago lo que quiero?; “si fuera así, si sucediera esa situación negativa, ¿cómo podría resolverlo?; si no hago lo que quiero, ¿cómo me voy a sentir?”; “¿cómo me sentiré si actúo como quiero hacerlo?”.

Si contestas a estas preguntas siendo tú mismo, sin dejarte influir por el que dirán, por tu entorno, tus miedos…si no de forma honesta, sincera, serena. Estarás acertado en la decisión que tomes. Porque será una decisión PROPIA, SENTIDA (emoción), RACIONALIZADA (habrás contemplado la solución al peor resultado que pudiera darse).

Recuerda esto siempre: en las decisiones no hay bueno o malo, no hay correcto o incorrecto, no hay acierto o error…Ante las preguntas hay respuestas, acción, y como consecuencia de esa acción, resultados, experiencia, aprendizaje…Siempre saldrás ganando, si quien decide actuar eres tú, para ti, con tus recursos, metas y motivación.

“No existe nada bueno ni malo; es el pensamiento humano el que lo hace aparecer así». _ William Shakespeare.

 

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