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“Si ves en otra persona una conducta que te gusta, reconócete, si no te gusta, examinate”
¿Alguna vez habías oído la frase anterior?, la primera vez que la escuche, me costó trabajo comprender la, ¿cómo podía ser posible que lo que me molestase de otros fuera algo que estuviera en mí?
Voy a explicaros como funciona nuestra mente. Los que sigáis mi blog, ya habréis leído que el pensamiento más la emoción nos generan un sentimiento. Ese sentimiento, nos hace actuar de una u otra manera, no por sí solo, tras el existen una serie de creencias (arraigadas en nosotros de forma inconsciente) que adquirimos desde nuestra niñez en casa, adolescencia en el colegio, amigos, trabajo….es decir, las creencias y conductas que adquirimos de nuestro in-torno y entorno.
Esas creencias tan arraigadas, vemos que no tienen porqué ser compartidas con las personas que convivo. Por ejemplo, en mí está la creencia de “llegar tarde al trabajo es una falta de respeto”; y es algo que está tan arraigado en mí, que me siento culpable cuando me sucede por causas incluso externas a mí (una avería de metro)… Esa creencia está en mí pero obviamente no en muchas de las personas con las que he trabajado. Era algo que llevaba fatal, no podía con esas personas que además ni se disculpaban por ello. Me causaba tal mal estar que pasaba el día enfadada con migo misma!

¿Pero con esas personas?¿Cómo actuaba?…
Con el fin de ser aceptados y encajar en la sociedad, desarrollamos máscaras o juegos. Esta máscara es nuestra autoimagen, de manera que es una parte de nosotros, solo una parte. En mi caso en el trabajo, con esas personas sacaba mi máscara de “silenciosa”, no les decía nada; por no generar conflicto…aunque mi conflicto estaba ahí…En mi casa por ejemplo, o con mis amigos, si soy honesta y saben que no me gusta la impuntualidad.
La cuestión está en que erróneamente creemos que si nos salimos de los límites de la imagen que hemos construido de nosotros mismos, los demás nos rechazarán, en consecuencia nos hacemos fieles a ella terminando por ocultar todo lo que pensamos que podría hacernos desencajar; lo enterramos creyendo de forma errónea e inconsciente que estando oculto estará controlado, usamos esas máscaras/juegos.
¿Pero una máscara o un juego soy yo? NO, de ahí la importancia de la frase con que iniciaba este artículo: ““Si ves en otra persona una conducta que te gusta, imitala, si no te gusta, examinate”…Las personas con las que nos relacionamos son nuestro espejo. En ellas vemos eso que tenemos enterrado en nosotros (nuestras molestias) y también vemos aquello que nos gusta de nosotros (virtudes).
Todo lo que nos molesta de los otros, es lo que no hemos corregido en nosotros. Aquí me gustaría aclarar que hay una grande entre algo que nos molesta y produce emociones negativas, y algo que nos incomoda o molesta pero no produce emociones negativas. La diferencia está en si traspasa mis límites-valores de vida (https://com-partiendo.es/emociones/cuando-traspaso-mis-limites/)
El secreto para identificar qué es lo que no hemos resuelto en nosotros y estamos proyectando en otros, radica en esta diferencia.
La única forma de transformar lo que no nos gusta, es haciéndolo consciente, es imposible cambiar algo que no sabemos que existe. Por esto, la vida nos lo muestra, y seguirá mostrándonoslo hasta el día que lo hayamos sanado y transformado, ese día ya no habrá necesidad de que lo veamos. En mi caso, cuando examiné cual era mi resentir en la conducta de esas personas, comprendí que era su felicidad, aún llegando tarde al trabajo de forma consciente, frente a mi preocupación y estrés de llegar tarde a pesar de todo mi esfuerzo.

Es decir, lo que no me gustaba de ellos en realidad es algo que quería para mí y no me daba: flexibilidad, tranquilidad, calma… esa creencia “llegar tarde es una falta de respeto” me limitaba, me asfixiaba, y ahí comprendí que mi molestia únicamente dependía de mí “llegar tarde al trabajo no me hace menos profesional, responsable y respetuosa”…y comencé a relajarme, es cierto que no llego tarde, o no más de cinco minutos, pero no lo vivo desde el estrés, desde la preocupación…
En otro artículo os contaré las pautas para ese proceso de evaluación, examen y sanación, transformación para cambiar aquello que no queramos en nosotros.


Es el momento de comenzar a agradecer a todas esas personas que son nuestros espejos, eso que tanto juzgamos en ellos, es solo nuestro reflejo. En vez de verlos como enemigos o como personas tóxicas, veámoslos como nuestros entrenadores y reconozcamos en nosotros lo que ellos nos muestran. Esto desarrollara nuestra empatía y compasión, nos ayudará a corregirnos y nos dará la posibilidad de valorar a todos los que nos rodean y crecer.

 
GRACIAS A ESA COMPAÑERA DE TRABAJO POR HACER DE MI ESPEJO Y AYUDARME A CRECER.

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