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¿Recordáis que hace unos días escribí sobre un niño de nueve años, que me dijo “no quiero ser una decepción para la familia”, (https://com-partiendo.es/emociones/no-quiero-ser-una-decepcion-para-la-familia/) a causa de las notas escolares que había sacado?.
Os planteaba que ese sentimiento de miedo a decepcionarnos, lo tiene por el grado de exigencia que él se impone, porque ve, oye, siente…el que nos ponemos los que formamos parte de su familia. Me reconocí tanto en él que quería que, al igual que yo en estos últimos meses, sintiera que la vida no es vivir por satisfacer el ego de los demás, sino por estar bien con lo que uno mismo quiere. El amor propio, del que os hablaba en el post aquél día, el “me quiero porque hago lo que me gusta, lo que disfruto, lo que quiero…” sin tener como primer criterio las creencias ajenas. ¿Un niño de nueve años?¿que un niño de nueve años va a saber que quiere y que no tome como criterio base lo que le digan los demás?, pensaréis alguno. Si, en este caso, sí, os recuerdo que se trata de un niño donde la preocupación por no decepcionar a su familia, esa frase, la expresa angustiado, por haber sacado un cinco en música, siendo todas sus demás notas un nueve.
Hoy, con permiso de él y de sus padres, quiero compartir el momento mágico que tuvimos…
Le ofrecí hacer un juego conmigo, una rueda de la vida que él colorearía con las notas que le habían puesto en cada asignatura. Otra rueda con las notas qué él se pondría a sí mismo, pensando solo en él, con las que estaría satisfecho. Finalmente le pedía que dibujara para qué estudia, para qué quiere aprender…
Antes de comenzar, él mismo eligió qué color sería cada nota, del 0 al 10, y le ofrecí que eligiera su canción favorita para mientras dibujamos escucharla. “No, la música ahora mismo no me gusta”, me dijo. Y también me dijo “esto que vamos a hacer no lo verá nadie ¿no? , no quiero que sepan que saco esa nota”. “No lo verá nadie”, le contesté, “solo quien tú quieras, una vez que acabemos, si no quieres no lo verá nadie”. Muy conforme con mi contestación, comenzó a dibujar, la primera rueda fue la de las notas que le habían puesto. A medida que iba coloreando me dijo “jo, se me va a gastar el rojo, mi segundo color favorito, sí que he sacado nueves… “. Ahí, supe que se empezaba a relajar, por cómo se tumbaba para colorear, y sus palabras…y le puse música, música relajante para niños que hacen actividades, y a los pocos minutos dijo “esa música si me gusta, me relaja…” (la música nos ayuda, por supuesto, pero ya se había relajado él, su mente, su positividad asociada al rojo-nueve).

Cuando acabó esa primera rueda le pregunté, “¿qué ves?” y me dijo, “mucho rojo, y como una rueda un poco chuchurria…y ahora qué, no entiendo en qué consiste el juego”… “Eso es porque no lo hemos terminado cariño, vamos a pintar nuestra segunda rueda” (yo estaba repasando mis propias ruedas de la vida al tiempo que él hacia las suyas).
Le expliqué que esa segunda rueda, por cada asignatura, tenía que ponerse la nota que él, pensando en él, en lo que quiere, para lo que lo quiere…se pondría para ser feliz. Y fijaos…”jaja, me pondría 10 en todo y así todos contentos claro, pero yo la verdad es que me conformo con otras…”; “pues esas cariño, esas son las que tienes que colorear”…y se puso a ello. Me sorprendió el diálogo interno que tenía y que verbalizó de forma tan honesta, clara, sencilla, sin filtros,… “bueno, lo primero música, me puso un cinco, y no me lo merezco, porque llevaba a clase todo hecho, llevaba la flauta limpia, me sabía todo, solo que podía haber practicado más, y podría sacar un siete, es lo que me voy a poner, porque así yo estaría a gusto, y porque sé que el profe no ha sido justo, porque otros niños que ni van a clase, o que se portan mal, no llevan la flauta, va…y les pone un nueve, y no lo entiendo; pero bueno, yo me pongo un siete. En las demás….bueno, es que lo primero que voy a poner es un diez en relación con los compañeros, porque ya lo tengo y quiero seguir teniéndolo, lo que más me importa es ser una buena persona, tener amigos de verdad… en las demás…pues es que me conformo, entre el nueve, nueve y medio si escribo mejor la letra en lengua que me lo dice el profe… así que eso, y también un poco más en participar en clase, porque solo participo en las que me gustan y las que no me gustan no lo hago, y me lo ha pedido el profe, y quiero hacerlo”.
Ufff, que momento más bonito, esas palabras “no me merezco eso, me merezco esto; lo hago porque me lo pide el profe pero porque yo quiero; lo que más me importa es ser una buena persona”…
Fue todo un monólogo suyo, en el que no hice más que escuchar, porque él hablaba a la vez que coloreaba, no se sentía observado, juzgado… creo que llegó a sentirme como su otro yo, y me confió todo eso.


Acabada la rueda, las miró, puesto en pie, y dijo “ah…ya sé que quieres que vea eh…esta rueda es más redonda, a qué sí, y está hecha por lo que yo quiero, o sea que yo con lo que quiero correré mejor en la bici, llegaré más lejos, ¿a qué sí? ¿a qué es eso?”.
“Claro”, le contesté, “parece que te ha salido una rueda más redonda, es cierto… y viéndolo así, ¿cómo te sientes?”. “Mejor”, me dijo con una sonrisa de alivio y satisfacción. “¿Qué crees que verá alguien que vea la primera rueda?”, pregunté. “Mucho rojo, claro, un poco chuchurria, pero se ve el rojo lo que más, y el amarillo que es muy importante y mi color favorito y lo que más me gusta a mí, ser buena persona. La verdad es que lo de música ya casi no se ve, con tanto rojo…”
“Entonces”, le pregunté “no se lo enseñamos a nadie como hemos acordado, ¿no?”;
“Bueno, ya me da más igual, aunque no del todo”, me contestó él. “¿Sigues pensando que decepcionas a la gente?, ¿tus notas es lo que queremos de ti los que te queremos?”, le pregunté. El se encogió de hombros, miró al suelo, le dejé su momento de introspección, a los segundos levantó la cabeza, con los ojos acuosos y me dijo “un poco sí, ¿no?”, acabó preguntándome…; ”tú, por qué me quieres a mí por ejemplo”? le pregunté, “porque me cuidas, me ayudas, juegas conmigo, me enseñas cosas, me compras chuches, y porque eres mi tía, ¿no?” … dijo esperando una contestación de correcto o incorrecto…”yo te quiero porque eres sensible, inteligente, me cuidas, me abrazas, me quieres, cuidas de tu hermano, eres un muy buen amigo de tus amigos, disfrutas mucho con el futbol, quieres mucho a tus padres, das las gracias a los abuelos siempre por cuidarte, eres muy cariñoso…, ¿qué te parece?”, y muy sorprendido y a la ver ruborizado me contestó, “¿sí, todo eso?” (el poco amor propio y su sorpresa ante todos los valores que alguien que para él es un referente ve en él).
“Claro que sí, por todo eso y más cosas. Pero antes de seguir yo, dime, ¿con quién pasaste el día ayer?”; “Con Adri, mi mejor amigo”, me dijo con una amplia sonrisa. “Anda, ¡que guay!” le dije, “¿qué nota ha sacado Adri en música?”, “no lo sé”, me contestó; “¿y en matemáticas?”, le insistí con toda la intención…”que no lo sé tia, es que eso me da igual”…Ahí quería que llegaras, (pensé yo). “Y porque quieres a Adri?, si lo mismo ha suspendido todas las asignaturas?”… se quedó de nuevo pensativo, con esa mirada de “a ver…esto es verdad…entonces…¿?” y sonriéndose me dijo “porque sí, porque lo pasamos bien juntos, me trata bien, nos gusta jugar al futbol, al baloncesto, a la Xbox…es que es mi mejor amigo”. Concluyó con un gesto de encoger hombros y mirada de “ya está, no hay que complicarlo más”. Y volví a preguntar “¿crees que tus padres, y los demás, te querremos más o menos por tus notas; o crees que te queremos por quien eres?, antes miraste las ruedas y dijiste que la segunda que era tuya, que es tu reflejo, llega más lejos…, ¿qué crees ahora?”. Dio un tragón y mirándome a los ojos me dijo “me queréis porque sabéis que yo me esfuerzo y que soy bueno, no? Es eso,¿ no tía?, ese es el juego, que tengo que hacer más lo que yo quiera, esforzándome en lo que yo quiero más de todo lo que hay ahí, y que siempre me vais a querer no?”.
Casi no podía contestarle de lo emocionada que estaba, “eso es cariño, te esfuerzas, estudias, unas cosas te gustan más que otras, como a todos en la vida, algunas cosas las hacemos disfrutando más que otras, pero si al final, en nuestro dibujo, están los colores que más nos gustan, todo estará bien”. Me abrazó y me dijo “ya estoy mejor tía, puedes enseñárselo a todos, porque la rueda que quiero es la segunda”.
Le propuse finalizar el juego, ¿el para qué estudias, que estas aprendiendo…?, y aceptó, y le salió fluido…ya lo había verbalizado de alguna manera… esta rueda me pidió que no la enseñara (no se le da bien el dibujo, con lo cual su auto exigencia sigue estando, como el no bajarse las notas del nueve, o pedirse un siete en música… pero ahora ya no lo llamaría auto exigencia, lo llamaría AMOR PROPIO, … “además tía, esto se lo digo yo a mamá y a papá, ¿vale?”…su privacidad ante cosas que quieren que queden en casa).
Fue sin duda la tarde más especial que he pasado con mi sobrino este año 2016, ¿y sabéis lo mejor?, que para él también lo fue, y tenemos por delante un año lleno de nuevas oportunidades y momentos para seguir com-partiendo.

 

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