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“La vida de hoy no es como la de antes”…
“Los niños de hoy no juegan como jugamos los de antes”…
“La educación de hoy no es como la de antes”…

¿Antes de qué?¿Qué ha cambiado, quién lo ha cambiado?¿para qué lo hemos cambiado si lo añoramos?
Muchos me diréis que es cuestión de:
– Tiempo, antes nuestras madres no trabajaban tantas horas y se dedicaban más a nosotros. La mía no trabajaba, pero sin lavadora, sin lavavajillas, sin microondas, sin coche, sin móvil, sin la compra por internet… Sacaba tiempo para trabajar en el hogar de seis personas, y dedicarnos ese tiempo. A veces aquí no es la cantidad, si no la calidad, el cómo y para qué, pases ese tiempo con tu hijo.

– Tecnología, antes no existían los móviles, las tablets, las videoconsolas. Ahora existen, y somos los adultos quienes ponemos el límite a su uso (tiempo, lo que hacen con ello…). Igual nos viene bien que lo tengan porque si les gusta, es “tiempo que están entretenidos mientras yo hago…¿?”
– Sociedad, se ha vuelto más exigente y queremos que nuestros hijos sean los mejores en todo para … ¿para qué, para cubrir las carencias nuestras de adultos?.

Estamos tan obsesionados por crear la burbuja del bienestar adulto que se nos ha olvidado la importancia de sembrar la autoestima infantil. La infancia es la fase de la vida en que somos “esponjas” de todo lo que vemos a nuestro alrededor, tomamos como referentes a aquellas personas con las que más tiempo pasamos y que además son nuestros educadores (familia, profesores…). Por lo tanto, nuestras acciones, creencias, hábitos, valores, sentimientos…calarán profundamente en ellos. Cuidémonos para cuidarles.

Pero, ¿cómo podemos hacerlo?

“La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras”
-Jean-Jacques Rousseau-

No queremos niños que tengan que ser perfectos porque no queremos cultivar la soberbia; queremos niños que se quieran y confíen en sí mismos y en su potencial. Queremos querernos, queremos que se quieran. Esto amigos es AUTOESTIMA, buscada en todos los días y edades de nuestra vida.

A continuación os indico los consejos de una psicóloga infantil orientados a cómo conseguirlo:

1–Es importantísimo tenerlos en cuenta y dedicarles nuestro tiempo de manera exclusiva, solo el niño y nosotros, fuera móviles todo el mundo.

2–Corrige sus errores pero desde el cariño
Sin gritos y con paciencia, el niño es una esponja que absorberá lo bueno y lo malo. Hazle entender que aprendéis juntos y que el intercambio es mutuo.

3-Fomenta su autonomía dándoles responsabilidades
Déjales tomar pequeñas decisiones en cuanto a sus relaciones o hábitos diarios. Por ejemplo, pueden cocinar contigo o preparase ellos su almuerzo, ayudarte a secar y recoger los platos, poner la mesa, elegir la ropa que se quieren poner…

4-No les compares
No compares a un niño con nadie, y tampoco lo hagas con adulto. Nadie es mejor ni peor que nadie, todos somos diferentes.

5–No le etiquetes como “torpe”, “malo”, “tonto”
Cuando el niño haga algo mal hay muchas maneras de decírselo. Hazlo siempre desde el “para qué”, y como algo “especifíco”. Ninguno somos torpes, ni malos, ni…en todo. Si tu hijo da portazos (por ejemplo) y te molesta, no vayamos con el “que bruto eres no se dan portazos”, porque seguro que el niño es dulce, cariñoso…pero igual despistado, inquieto…igual es un niño¿? Jaja. Di le “cariño, cuando tú pasas con prisas y esa puerta suena tan fuerte, me duele la cabeza y podrías hacerte daño o romper la puerta”.

6-Tampoco lo hagas como “listo” “bueno” o “inteligente”
El niño no comprenderá en qué se fundamenta que te refieras a él de esa forma. En su caso, puedes decirle: qué bien has hecho las tareas, qué bien has recogido o me encanta verte pintar. Es decir, juzga sus comportamientos pero no al niño.

7-Establece unos límites claros y sé consistente con ellos
Es decir, si no recoges tus juguetes no iremos al parque; el niño querrá negociar esto pero no valen medias tintas, si le has puesto una condición razonable tienes que hacerla valer, pues de lo contrario no se lo tomará en serio. Firmeza.

8-Valora el esfuerzo, no los resultados (aquí os recomiendo leer el artículo del niño de nueve años con su angustia por sus notas https://com-partiendo.es/emociones/y-en-sus-valores-reconoci-los-mios-y-me-emocione/)
No te centres en si ha sacado un sobresaliente o un aprobado, lo importante es que el niño haya sido constante y se haya esforzado, refuerza esto. Para fomentar la autoestima infantil es muy importante valorar su esfuerzo.

9-No exageres tus halagos y sé concreto
Esto es, dile lo que ha hecho bien y porqué te ha gustado para que el niño sepa lo que te agrada. “Has recogido muy bien tus juguetes.
Es importante que comentes con otras personas ante el niño sus logros y su esfuerzo, pues le hará sentir útil e importante.

10-Valida sus emociones
Si el niño llora es probable que se haya hecho daño, dale la importancia que tiene. Evita decirle: “¡No pasa nada!” Sí que pasa, algo le hace sentir mal y es importante que le demos la relevancia pertinente.

11-No le sobreprotejas, fomentarás la inseguridad y la dependencia
Los niños no se rompen y necesitan una dinámica que les genere oportunidades para desarrollarse de forma constante, no para estancarse.

12-Reserva momentos para cada uno de los niños que tengas alrededor
Intenta buscar un espacio individual para cada uno, pues el hecho de ser importantes y protagonistas durante unos minutos o unas horas es muy reforzante para ellos.

El mejor regalo para los niños se llama TIEMPO DE CALIDAD, no se vende en juguetearía.

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