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Antes de profundizar en el tema, quiero recordaros lo que en otras ocasiones os he explicado:
Pensamiento más emoción, generan un sentimiento. Ese sentimiento me hace actuar (en base a unos valores, creencias…) de una manera determinada. En ocasiones mi actuación me da un resultado positivo, pero en otras el resultado es negativo…ahí tengo que pararme y pensar ese resultado negativo que me hace sentir, si es algo negativo o que no deseo, he de cambiar algo. A veces cambiar la acción, es suficiente…otras tengo que irme mucho más allá y cambiar el pensamiento, o revisar mis creencias.
Un ejemplo que por desgracia más de uno vivimos en primera persona o muy de cerca, estar desempleado…
Si en esa situación tomamos el esquema anterior:
– Pensamiento: estoy sin trabajo
– Emoción: tristeza
– Sentimiento: preocupación
– Actuación: búsqueda activa en portales de empleo, redes sociales, …
– Resultado: siguen sin llamarme
– ¿Cómo me hace sentir?¿qué pienso de mí?…

Según contestéis a esa pregunta seréis personas sanas emocionalmente o no…

Si las respuestas son del tipo “no pasa nada, sigo intentándolo, voy a revisar el curriculum, a pedir ayuda a amigos, ex – compañeros de trabajo, abrirme una nueva cuenta en una nueva red de empleo que ha salido…” sois personas emocionalmente sanas. Si la respuesta es “no voy a encontrar trabajo, hay gente más preparada, somos muchos parados y no voy a tener suerte, no sirve de nada, me siento inútil…”, con todo eso OJO, CUIDADO…revisa esos pensamientos, emociones, actuaciones…hablarte así no te ayuda, te va minando…enfermando emocionalmente y mentalmente…incluso puede provocarte un problema de salud.

Las personas que son emocionalmente sanas tienen control sobre sus emociones y su comportamiento. Además, son capaces de manejar los desafíos de la vida, construir relaciones fuertes y recuperarse de los contratiempos.
Mejorar la salud emocional puede ser una experiencia gratificante y muy beneficiosa en todos los aspectos de la vida. A veces solo somos capaces de cuidarla si pasamos por un momento difícil, nos damos cuenta de ello y bien salimos solos o pedimos ayuda.
La buena salud emocional no es sólo la ausencia de problemas de salud mental. Estar mentalmente o emocionalmente sano es mucho más que estar libre de la depresión, ansiedad u otros problemas psicológicos.

La salud mental y emocional se refiere a la presencia de características positivas, como autoconfianza, alta autoestima, capacidad para lidiar con el estrés y recuperarse de la adversidad, gusto por la vida, capacidad para reír y divertirse, capacidad para construir y mantener relaciones satisfactorias y flexibilidad para aprender cosas nuevas y adaptarse a los cambios, entre otras.
Estar emocionalmente sano no significa no pasar por malos momentos o experimentar problemas emocionales. La diferencia es que las personas con buena salud emocional tienen una gran capacidad para recuperarse de la adversidad, el trauma y el estrés. Esta capacidad se denomina resilencia . Las personas que están emocionalmente sanas tienen las herramientas para hacer frente a situaciones difíciles y mantener una actitud positiva.
Uno de los factores clave en la resiliencia es la capacidad de equilibrar el estrés y las emociones. La capacidad de reconocer las emociones y expresarlas adecuadamente ayuda a evitar quedarse atascado en la depresión, la ansiedad u otros estados de ánimo negativos. Otro factor clave es tener una red de apoyo fuerte. Tener gente de confianza a la que poder acudir en busca de aliento y apoyo, aumentará la capacidad de recuperación en tiempos difíciles.
La salud física se conecta a la salud mental y emocional:

El cuidado del cuerpo es muy importante para tener una buena salud emocional. Ya sabes: mens sana in corpore sano. Cuando se mejora la salud física, se experimenta automáticamente un mayor bienestar mental y emocional. Y es que el ejercicio no sólo fortalece el corazón y los pulmones, también libera endorfinas, sustancias químicas poderosas que nos dan energía y elevan nuestro estado de ánimo.

Descansar adecuadamente, alimentarse bien, hacer ejercicio, recibir luz solar natural y evitar el consumo de alcohol, tabaco y drogas es básico para iniciar el camino de una buena salud física. Para mejorar la salud mental tienes que cuidar de ti mismo.

Con el fin de mantener y fortalecer tu salud mental y emocional es importante prestar atención a tus propias necesidades y sentimientos. No dejes que el estrés y las emociones negativas se acumulen. Trata de mantener un equilibrio entre tus responsabilidades diarias y las cosas que te gustan. Si cuidas de ti mismo, estarás mejor preparado para hacer frente a los desafíos cuando se produzcan.

Cuidar de ti mismo supone hacer actividades que liberen endorfinas de forma natural y que contribuyan a hacerte sentir bien. Además de ejercicio físico, las endorfinas también se liberan naturalmente en los siguientes casos:

Haces cosas buenas por los demás y eres útil para otros
Practicas la autodisciplina y el autocontrol.
Aprendes cosas nuevas
Disfrutas de la belleza, de la naturaleza y del arte
Gestionas adecuadamente tus niveles de estrés
Realizas actividades creativas
Reservas un tiempo y un espacio para actividades de ocio

«Desciende a las profundidades de ti mismo, y logra ver tu alma buena. La felicidad la hace solamente uno mismo con la buena conducta» _ Sócrates

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