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La Noche De Reyes, noche en que los mayores nos sentimos de nuevo niños. Yo recuperé esa ilusión cuando mis sobrinos vieron su primera cabalgata, abrieron sus primeros regalos, y sentía en mí la emoción que les invadía a ellos por esa mágica noche, la noche de los sueños pedidos y cumplidos…
Qué pocas veces siento esa ilusión a lo largo del año, de cada mes, semana, y día…
Cuando somos pequeños jugamos a ser mayores y nos divertimos con ello, jugamos a las comiditas, a cuidar a los bebés, a que ejercemos la profesión que queremos y para ello nos vestimos con nuestra mejor sonrisa y nos pintamos la cara de ilusión… ¡sin límites, creemos que podemos ser todo aquello que nos propongamos!
Cuando somos mayores quisiéramos volver a ser niños de nuevo, por tantas cosas…
No tener responsabilidades, no tener que tomar decisiones, no tener que afrontar problemas… Hay días que tanta carga emocional en nosotros nos puede, y olvidamos recuperar esos momentos de niños, en lo que soñábamos, disfrutábamos de todo lo que la vida nos iba dando. Sin más… sin negarnos oportunidades, ni la libertad de soñar, algo tan bonito y al alcance de todos, ¿no?
¿Por qué nos cuesta, o al menos a mí, encontrar esos momentos de disfrute, de permitirme soñar, disfrutar sin preocuparme por lo que ya está hecho o lo que tengo por hacer?.
¿Cuándo éramos pequeños no teníamos nada de esto?, o ¿sí, pero no lo vivíamos como responsabilidades, problemas, obstáculos…y eran para nosotros juegos, no rivalidad; metas no obstáculos; peleillas y no discusiones; quiero ser en lugar de tengo que…

La inteligencia emocional de niños…la vamos dejando atrás, quizá muy pronto, queriendo ser mayores porque deseamos cosas que cuando llegan, no eran como esperamos y no queremos… por las experiencias de vida que cada uno tenemos; porque tuvimos una educación familiar, institucional y social que premiaba la inteligencia matemática, lingüística…olvidándose de cultivar la inteligencia emocional.
¿Podemos permitirnos ser niños, tener ilusión todos los días de nuestra vida por el mero hecho de tener la oportunidad de estar vivo? Sí, claro que sí. De hecho, os propongo un ejercicio interesante para cambiar esos “tengo que”, por “prefiero o quiero”. La importancia de las palabras que nos decimos, es tal, que el hecho de cambiar esas palabras, nos hacen ir aligerando carga emocional, desde que nos levantamos.
Para mí, hasta no hace mucho, el preocuparme por los demás antes que por mí misma me generaba tal carga que no tenía tiempo para disfrutar, o incluso para atender mis cosas, pos poniéndolas o dejándolo para horas intempestivas, y acababa agotada. Entonces me propusieron cambiar mis palabras, con ello mi pensamiento, emoción y conducta.
“YO TENGO QUE cuidar más de mí misma, SI YO no me cuido, ENTONCES, estaré cansada, con ansiedad, triste, Y SI YO ESTOY cansada, con ansiedad y triste, ENTONCES, necesitaré que me cuiden a mí, Y ENTONCES todos estaremos más ocupados y preocupados, Y SI todos estamos mal, ENTONCES YO me sentiré CULPABLE,
ES POR ESO QUE PREFIERO, cuidarme más a mí, QUE sentirme culpable, POR ESO ELIJO, cuidarme más”.
¿Quieres probar? Es muy fácil, las palabras en mayúsculas son las que has de mantener en la frase, las minúsculas son tus “tengo que”, que quieras modificar a “yo elijo, prefiero”.
Busca tu motivación para el cambio de ese “tengo que” a “yo elijo, prefiero” …


“Tengo que hacer deporte” (este es un propósito de muchos para cada año que comienza), piensa en para qué lo haces, (estar mejor físicamente, estar en forma para correr tras los peques, desahogarte del estrés del trabajo, …), esa será tu motivación. Y por lo que le prefieres hacer deporte que tener que hacerlo. Si no la haces, ¿qué consecuencias negativas tendría…?; esos serán tus “entonces”.

 
Anímate y escribe tus deseos a los Reyes Magos, porqué la magia está en ti, cada día, tú te lo regalas diciéndote unas u otras palabras.

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